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Monthly Archives: febrero 2007

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Hay un manto de hierba sobre el recuerdo de nuestros besos.
Sólo tengo que levantar un puñado para ver paseos por caminos entre árboles y manos que se rozan bajo toallas.

El tiempo se ha convertido en finas láminas verdosas que se amontonan caóticamente unas encima de otras, mientras veo que mi cara no es la misma que tú acariciaste un día y mi memoria no dibuja dos días seguidos, excepto aquellos en que nos conocimos.

no tengo el poder de hablar muy alto ni se me escucha de lejos
pero sigo protestando por dentro aunque parezca por fuera.

El camino a través del bosque estaba en penumbra. Se colaban unos cuantos rayos amarillentos entre las ramas, pero insuficientes siquiera para poder distinguir qué pisábamos.
Si hubiera estado sola tendría miedo. Pero estaba contigo, y no recuerdo en mi vida mayor intimidad y misterio que en aquel paseo.

Resbalamos nuestras botas por el barro, trepamos sobre ramas caídas y nos agarramos a rocas picudas que para sortear el agua de un arroyo. Así hasta ver la luz del atardecer, hasta quedarnos ciegas de sol y caer sobre la hierba del verano. Todos los olores del mundo son insuficientes para recordarlo con total exactitud, pero sé que en un momento dado, mientras mis ojos seguían cerrados, atrapaste un beso de mis labios. Ese beso que aún tienes secuestrado.